Deudas

¿Cuál es la diferencia entre pagos mensuales o regulares de una deuda?

Hablar de pagos mensuales o regulares de una deuda es un tema importante. Sobre todo, porque identificar este tipo de términos, permitirá llevar una mejor control de los créditos contratados y cumplir con las obligaciones adquiridas.

Para comenzar: se entiende por pagos regulares de una deuda a las cuotas que, por contrato, se deben cubrir en determinado periodo. El número de cuotas varía, y dependerá del monto, tipo de financiamiento y el plazo establecido para saldar el crédito obtenido, que implica regresar el capital prestado y cubrir los intereses generados.

Entonces, dicho lo cual, ¿es posible decir que al hablar de pagos mensuales o regulares de una deuda es hacer referencia de lo mismo?

En términos generales sí. Y es que, en la gran mayoría de los créditos, se establece que los pagos regulares se deben realizar de manera mensual. Aunque, cabe señalar que hoy en día existen otro tipo de productos financieros que establecen cubrir sus cuotas con una periodicidad distinta, con lo que, por ejemplo, su pago regular se podría dar de manera quincenal o semanal.

Tener claro cuándo se deben realizar los pagos regulares de un crédito es un tema toral. Principalmente, porque de eso dependerá que el crédito avance de manera normal, sin retrasos, y evitar así pagar penalización por no cumplir con las cuotas establecidas.

En ese sentido, no cubrir un pago regular representará una falta al contrato establecido, en el que se indica que para mantenerse al corriente, se deberá cumplir en tiempo y forma con la cuota exigible en el periodo. De acumular más de un atraso, el crédito se considerará en mora y traerá consigo la generación de intereses.

¿Cómo se conforman los pagos regulares de una deuda?

Dicho de otra manera, un pago regular es un pago normal en un crédito; es decir, el pago con el que se considera que una persona va al corriente y cumpliendo con lo establecido para regresar el dinero que se prestó.

De esta forma, el pago regular se conforma de dos elementos principales: el abono a capital y el pago a intereses. Así, del 100% del pago que se deposita, una parte se destina para reducir la deuda, es decir, pagar a capital; él restante se ocupa para cubrir los intereses ordinarios, en otras palabras, el costo mensual que se debe cubrir por el crédito.

Para tener claro el número de pagos regulares por realizar en el tiempo de vida del crédito, resulta trascendental conocer la tabla de amortización. Esta herramienta despliega de manera detallada las cuotas a cubrir, en el que se indica la fecha en la que se debe realizar la operación por determinado monto.

Si tienes un crédito, la tabla de amortización es tu mejor aliado. Sobre todo, porque al ofrecer la información detallada del crédito, no solo presenta cuándo se deben realizar los pagos mensuales, sino que muestra cómo se distribuye la cuota y cómo va bajando la deuda por cubrir.

¿Qué consecuencias trae el no cubrir los pagos regulares de la deuda?

Es importante señalar que el concepto de pago regular se observa sobre todo en productos financieros como los créditos personales e hipotecarios, en los que se establecen periodos para devolver el monto prestado superiores a los 12 meses. Se hace la aclaración, porque incluso en este tipo de créditos, se presenta el término pago extraordinario, que es la posibilidad de realizar abonos no contemplados en el contrato y que permiten pagar directo a capital y así reducir más rápido la deuda.

Dicho lo anterior, hablemos de las consecuencias que lleva el no cubrir los pagos regulares de una deuda. El principal efecto de no cumplir con las cuotas pactadas, es el generar intereses moratorios, y tener que desembolsar más dinero de lo contemplado.

De esta forma, el interés moratorio se entiende como el cargo que se debe cubrir por no abonar el monto requerido. Por ello, antes de contratar un crédito, es fundamental conocer a detalles las condiciones, entre ello, la tasa de interés tanto ordinaria como moratoria, para tener en perspectiva cuánto se tendría que pagar en caso de fallar.

Ahora bien, si la situación económica se complica y los ingresos ya no dan para cubrir los pagos regulares, es importante buscar alternativas. A pesar que muchas personas optan por solo dejar de pagar y olvidarse de la deuda, esto no es recomendable, pues lejos de ser una solución real, solo es una decisión que podría agravar el problema.

Por ejemplo, entre las opciones a evaluar se encuentra el recurrir a una Reparadora de Crédito. Este tipo de instituciones se han consolidado como una alternativa eficaz que ayuda a negociar el pago de la deuda con los acreedores. Parte de los atributos de una reparadora no solo se reduce a conseguir nuevos esquemas de pago, sino que ayudan a alcanzar descuentos sobre el saldo; así como generar un plan de ahorro a la medida, en aras de que sea con recursos propios que se pueda liquidar la deuda, y así evitar el pedir más créditos.